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Gante, la ciudad de las tres torres

Dedicamos un día a Gante, habíamos visitado su vecina Brujas, y yo seguía con ganas de cuento. Mi cuento sin príncipes, ni princesas; conmigo paseando por los muelles, Graslei y Korenlei, esos muelles que había visto en tantas fotografías. ¡Empezamos!

En el pasado…

Aquí comienzo el cuento o pesadilla para los ganteses de esa época.

24 de febrero del año 1500 nace un niño llamado Carlos, su mamá Juana, La Loca así le apodaron,  de celos enferma porque papá, Felipe el Hermoso, era un tanto mujeriego, acompañó a su esposo a un baile en el Palacio de Prinsenhof. No estaba ella para mucho baile debido a su avanzado estado de buena esperanza y dio a luz a Carlos en los baños del palacio.

El palacio fue demolido y ya no existe, pero la Catedral de San Bavón donde fue bautizado el pequeño sigue ahí.

Se convertirá el niño en Carlos I de España y V de Alemania, rey de un imperio impensable. El ansia viva de poder le llevaría incluso a castigar a sus paisanos por no apoyar economicamente su afán de expansión.

En la actualidad…

Los tranvías de Gante son el toque particular a esta ciudad, y su Universidad hace que la población cuente con un porcentaje importante de estudiantes que la convierten en una ciudad animada durante todo el día.

Y en su plaza, dos de las tres torres: la de la Catedral de San Bavón, el Campanario de Belfort. La tercera, la de la Iglesia de San Nicolás.

Qué ver y hacer en un día en Gante

Sus tres torres, el puente,  los muelles, gofres, cerveza. Ya suena muy bien, ¿no te parece?

La Catedral de San Bavón

San Bavón es el patrón de Gante. Fue construida sobre la antigua iglesia románica de San Juan Bautista, recordad que bautizaron a Carlos V en este lugar y más tarde colabora económicamente en su construcción.

Lo más destacado de la catedral es la torre, casi 90 metros, el altar y la  obra maestra de Jan van Eyck, la «Adoración del Cordero Místico«.

La «Adoración del Cordero Místico» representa la redención de la humanidad. ¿Cansado de leer? Haz una pausa y escucha un post sobre el también llamado Retablo  del Cordero Místico aquí.

El Campanario de Belfort 

Desde el Campanario obtenemos las mejores vistas de la ciudad, 91 metros de altura y en su cúpula un dragón. El dragón dorado llama la atención en lo alto de la torre.

Su campana, Roland y su dragón en lo alto son los protagonistas de este capítulo.

La función de esta torre era de vigilancia y avisos, su dragón en la cúpula simboliza la protección de los documentos oficiales de la ciudad que se guardaban en el interior.

La campana de Roland, será clave en el «cuento de Gante».  Se convirtió en uno de los primeros carrillones del mundo. Si no lo sabíais, el carrillón fue inventado en Flandes. Carlos V enfadado con su pueblo por no apoyorlo económicamente en su afán de conquistar el mundo entero, mandó  descolgar su Roland y destruirla.

Más tarde los ganteses la refundirán y colgarán de nuevo en su lugar.

Nos queda la última torre, la Iglesia de San Nicolás.

El puente de San Miguel

Nos quedamos en el puente de San Miguel. Es el punto clave para la postal de Gante, desde aquí las tres de un solo vistazo. Dispara tu cámara.

Los Muelles de Gante y Graslei

¡Llega el mejor momento! un alto en el camino, disfrutar de una cerveza belga a la orilla de río Lys. 

Los muelles de Gante, el muelle de las hierbas Graslei y el muelle de trigo Korenlei.

Esta es la zona de Gante que más me gustó. Sin duda, pasear por las calles a ambos lados del río es imprescindible. Simplemente observa, no pierdas detalle porque los belgas son de detalles: sus casas gremiales, los reflejos de estas en el agua, ¡ya no cuento más!

 Gravensteed, el castillo de los condes de Flandes

¿Terminamos el cuento de Gante en el Gravensteed?

Levantado sobre el río Lys, por fuera parece de cuento de hadas. No le falta detalle para ser protagonista de su propia historia de color de rosa. Nada menos parecido a la realidad.

Fue hogar de nobles, palacio de justicia, cárcel. Hoy en día quien visita el castillo puede fascinarse con su museo de tortura en el que se exhiben instrumentos para volver el cuento pesadilla.

Fin

 

Brujas, soñar despierto

Tenía ganas de cuento, de cisnes, de sueños.

Brujas es una decisión acertada si lo que quieres es soñar despierto.

Para no equivocarnos de sueño, aclarar que Brujas, Brugge en neerlandés, proviene de la palabra “Bryggia“, que significa puente, muelle o atracadero. Así podemos seguir con nuestro cuento sin brujas.

Una de las ciudades medievales más impresionantes de Europa. Brujas con sus cientos de canales te atrapa entre sus callejuelas y canales.  Algunos la llaman la Venecia del Norte por encontrarse atravesada por canales.

Pensar fue una ciudad que entró en  fase decadente, la dejaron abandonar y ahora reconvertida en uno de los destinos favoritos para perderte en la Edad Medieval. Es sencillamente espectacular.

La encontraréis llena de turistas durante el día, pero poco a poco se irá despejando para quedarse en silencio para la noche.

Desde la estación de tren, iremos derechos al centro de Brujas, un paseito de lo más agradable si el tiempo acompaña, si no es así, abrígate mucho mucho y disfruta igualmente. Vamos directamente a la Grote Markt, a su plaza para ver el Campanario (Belfort), comer en las calles de alrededor de la plaza y seguir deleitándonos con la ciudad.

La Plaza Mayor y su Campanario

La Grote Markt es el must de Brujas, la plaza más fotografiada y concurrida de Brujas. Los sábados es la plaza del mercado.

Un sinfín de turistas disparando sus cámaras invaden la plaza. Sus casitas gremiales medievales, con sus fachadas de colores, son preciosas.

Estampa típica de Brujas. Sus casas gremiales de ladrillo no pasan desapercibidas.
Estampa típica de Brujas. Sus casas gremiales de ladrillo no pasan desapercibidas.

Y su torre Belfort de 83 metros de alto y donde, tras subir alrededor de 360 escalones se puede disfrutar de las mejores vistas de la ciudad. El precio de entrada es de 12 euros adulto, consúltalo aquí.

Suele haber cola hay que tenerlo en cuenta porque te llevará en torno 2 horas.

El Campanario de Brujas, símbolo de la ciudad.
Símbolo de la ciudad de Brujas. Entre sus funciones vigilar y prevenir a los ciudadanos de posibles incendios, antiguamente muchas de las casas eran de madera.

La Plaza Burg

Rivaliza con la Grote Mark esta otra plaza. Entre los edificios históricos, el Ayuntamiento, el Palacio de Justicia o el de la Basílica de la Santa Sangre.

La Basílica de la Santa Sangre alberga como reliquia una ampolla que dicen contiene algunas gotas de la sangre de Cristo (2 euros si quieres ver la reliquia). El resto es gratuito.

El muelle del Rosario

Volviendo hacia la estación junto a los canales, pasamos por el muelle del Rosario, desde aquí parten muchas excursiones de barquitas para recorrer los canales.

El lugar es otro de los puntos más fotogénicos de la ciudad.

Lago del Amor o Minnewater

Nos fuimos junto los canales acercándonos hacia el Lago del Amor, el antiguo puerto de la «Brujas medieval».  Su historia envuelta en leyendas, unas más románticas que otras; lo cierto es que la naturaleza quiso dar salida al mar a Brujas y el canal natural permitió la entrada a la ciudad de lana importada de Inglaterra , ¡A tejer se pusieron en brujas como locos! y de aquí sus maravillosos paños flamencos.

Paseando a lo largo del canal estiran su cuello estos elegantes animales. Os acordáis, tenía ganas de cuento, de cisnes, y yo tan feliz.

En el camino encontrarás un singular beaterio (siglo XIII), albergaba a las beguinas, viudas y huérfanas de los cruzados. Tienen algo particular que me fascina, en esos tiempos  complicados para mujeres, se dedicaban al bordado de encajes y no pertenecían a ninguna orden religiosa y lo mejor, sin «custodia masculina».  ¡Oh, qué despiporre! Singularidades para elogiar a estas mujeres.

La última beguina falleció en 2013, el begijnhof está habitado desde hace décadas por monjas benedictinas.

Si solo tenías un día para disfrutar Brujas puedes despedirte aquí en el parque e ir despertando de vuelta en el tren.